
Se aprobó finalmente el proyecto de inscripción automática y voto voluntario. Esto significa la incorporación de aproximadamente 3 millones y medio de jóvenes al padrón electoral lo que sin duda alguna trae como consecuencias ciertos riesgos si lo miramos desde la perspectiva de la participación, la que puede subir legitimando a las fuerzas políticas mayoritarias (Concertación, Alianza y Juntos Podemos) o reconfigurando el abanico político, lo que sin duda sería un ejercicio democrático pleno e interesante. Pero la otra cara de la moneda sería la baja participación del electorado debido no solo a la voluntariedad del voto, sino que también debido a como está hoy la política, en el sentido de que las fuerzas tradicionales aparentemente han quedado estancadas en cuestiones meramente coyunturales, carentes de contenido serio, convirtiéndose así la política en tristes espectáculos casi de farándula. He ahí, las fuerzas democráticas tenemos el desafío de encantar y reencantar a la ciudadanía con propuestas serias, de fondo y frescas que marquen diferencias sustanciales entre lo que somos y lo que es la derecha. Tenemos la oportunidad histórica de reinvocar a la unidad social del pueblo; esa misma que derrotó a Pinochet en las urnas. Los jóvenes tenemos la oportunidad de poner temas en la mesa, tenemos el derecho “con todas las de la ley”, pero para eso también las juventudes políticas, y en especial
Carlos Benedetti Reiman